Las Cantinas son un referente del tiempo, un espacio fracturado entre el pasado y la modernidad. Un sitio que reluce orgulloso ante el paso del tiempo. Aunque la tradición desaparece lentamente con las nuevas generaciones, el concepto y su lugar en la historia permanecen de alguna forma vigentes. Es en las cantinas dónde se bebe el agua ardiente y se mitigan los desamores, la soledad y la tristeza. Es ahí dónde se celebra, pero también dónde se medita. Y aunque después de todo tal vez no sea el lugar mas apropiado, será siempre una parte integral del cuerpo urbano; por que una ciudad sin cantinas, es una ciudad sin historias. En muchos otras casos, ellas se convierten en confesionarios ambulantes, los cuáles sirven como válvulas de escape o como antidepresivos sociales.







Las Cantinas son un referente del tiempo, un espacio fracturado entre el pasado y la modernidad. Un sitio que reluce orgulloso ante el paso del tiempo. Aunque la tradición desaparece lentamente con las nuevas generaciones, el concepto y su lugar en la historia permanecen de alguna forma vigentes. Es en las cantinas dónde se bebe el agua ardiente y se mitigan los desamores, la soledad y la tristeza. Es ahí dónde se celebra, pero también dónde se medita. Y aunque después de todo tal vez no sea el lugar mas apropiado, será siempre una parte integral del cuerpo urbano; por que una ciudad sin cantinas, es una ciudad sin historias. En muchos otras casos, ellas se convierten en confesionarios ambulantes, los cuáles sirven como válvulas de escape o como antidepresivos sociales.